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| ARTE & CULTURA | BRASIL
| FECHA DE PUBLICACION: 25/04/2010 |
| Caminar para reescribir la historia |
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“Quiero ver donde esa América se desmorona / y se construye / donde se dice negra / donde se desmestiza / y se desmistifica / donde se andina y se desanda... / (…) Quiero ver, quiero ver”. En diciembre de 2007, un grupo de poetas y artistas salieron del bar de Binho en Campo Limpo, en la periferia sur de San Pablo, rumbo a Curitiba, con las mochilas al hombro y una firme intención: mostrar su arte y conocer la cultura que encontrasen a su paso. |
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A Binho la idea se le ocurrió de repente. “Vaya, podría caminar, llegar andando hasta Chile”, se dijo un buen día. “No, andando no va. ¿Y en moto?”, le instó su amigo Serguinho Poeta. No, andando. “¿En bicicleta?” ¡Andando! Y caminando fue que, en diciembre de 2007, un grupo de poetas y artistas salieron del bar de Binho en Campo Limpo, en la periferia sur de San Pablo, rumbo a Curitiba, con las mochilas al hombro y una firme intención: mostrar su arte y conocer la cultura que encontrasen a su paso.
Cuatro caminatas después, la Expedición Cultural por América Latina que se hace llamar Donde Miras -así, en español- ha recorrido cerca de 1.500 kilómetros por cuatro estados de Brasil. Y Chile sigue ahí, en el horizonte, como símbolo de la hermandad entre el pueblo brasileño y la América hispánica. Han sido ya cuatro trayectos que les han llevado al interior de San Pablo y el litoral al sur y al norte de la megaurbe brasileña.
En cada ocasión, aventuras de un mes de duración, con varias decenas de caminantes y un esquema definido: andar a pie hasta el siguiente pueblo y, una vez en éste, organizar un espectáculo cultural -un sarao-, la mayoría de las veces en la plaza pública, en el que instan a la participación local de músicos, bailarines, escritores o cualquiera que se anime a recitar un poema. Casi siempre, las autoridades locales facilitan una escuela o un gimnasio que servirá de campamento a los caminantes. Más allá de eso, se financian con el dinero que obtienen de las ventas de libros y camisetas, aunque ahora están buscando ayuda institucional.
Cada caminata es como escribir un libro distinto, con otros tiempos, paisajes diversos y nuevos personajes. El encuentro nunca es el mismo. La convivencia siempre es intensa. El tiempo pasa despacio cuando se camina. Y, como caminar es el medio de locomoción más democrático que existe, no faltarán ocasiones de incorporar a nuevos aventureros al viaje. Para cualquiera que haya tenido la oportunidad de formar parte de Donde Miras, haya sido por la caminata completa o apenas un par de días, el recuerdo quedará grabado a fuego. Dicen ellos que caminar te cambia la vida, y doy fe. Recorrer las carreteras, encontrar a los lugareños a cada paso, descubrir una catarata o una playa virgen al borde del camino, es al mismo tiempo una experiencia colectiva y un momento para la reflexión interior. Y los saraos los dirigen a su objetivo primigenio de promover la producción y el intercambio de aquella cultura ajena a los circuitos comerciales; la misma que integra la personalidad compleja y mestiza del pueblo brasileño, ese que “no sale en los anuncios de belleza ni en las novelas de la Globo”, como dice el poeta Binho, menos conocido como Robinson Padial.
Uno de sus poemas resume el espíritu de Donde Miras. “Ir, ir e ir” allá donde esta América se desmorena y se desmistifica. Esa América Latina donde el fierro es el cobre y el habla es el silencio de las pampas. “Quiero ver, quiero ver”. Estos versos están recogidos en el libro Donde Miras. Dos poetas y un camino, que comparte, en edición bilingüe español y portugués -de nuevo, como símbolo de la unidad de los pueblos latinoamericanos-, con Serginho Poeta. De un poema suyo, dedicado al Che Guevara procede el nombre del libro, y de la Expedición.
¿Por qué caminar? “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, dicen, citando a José Martí. Y esa es su filosofía. Como en los saraos de poesía que están proliferando en la periferia paulistana, los 'dondemirantes' quieren cambiar el mundo con una birome en la mano y un buen calzado por toda munición. Y con mentes repletas de ideas, claro. Como la de la Bicicloteca, una bicicleta que hace las veces de biblioteca ambulante y que sólo en la primera caminata repartió medio millar de libros, todos ellos obtenidos a través de donaciones. Porque el conocimiento no debe quedar parado, tiene que circular, me dice Alisson, un joven poeta de 24 años. Porque es con la palabra que se puede cambiar el mundo, y muchas cosas tienen que cambiar en esta ciudad de locura que concentra un tercio de la riqueza de Brasil y donde la desigualdad alcanza cotas intolerables para cualquier espectador razonable. Donde millones de personas viven en una periferia olvidada por las clases medias que, cansada del abandono institucional, ha optado tomar cartas en el asunto. La revolución de la cultura.
La transformación social, el fondo político, está ahí. En la última caminata, que recorrió el litoral desde Santos hasta Paraty, colocaron la cuestión del petróleo en el centro del debate: a su paso por Santos, organizaron un encuentro con trabajadores de la Petrobras sobre la lucha del pueblo brasileño para que la riqueza del llamado presal -las ingentes reservas de hidrocarburos descubiertas recientemente en la Bahía de Santos- no se les arrebate a los brasileños en beneficios de las empresas multinacionales.
El otro gran tema fue la comunicación. Proyectaron en los saraos un documental del colectivo paulistano Intervoces que explica cómo apenas una docena de familias controla la industria del entretenimiento y la información en este vasto país de 190 millones de habitantes. “Yo quiero saber lo que tienen que decirme las otras familias”, dice Binho. Por eso camina. Para hablar, para leer poesía y, sobre todo, para escuchar. Para buscar al pie de la carretera lo que los manuales escolares y los medios de comunicación de masas le han arrebatado al pueblo brasileño. Esa historia robada que reescribieron los vencedores. Por eso las aldeas indígenas y los quilombos están muy presentes en los recorridos de Donde Miras.
En los quilombos -los poblados formados por antiguos esclavos africanos- cuestionan el papel de la prensa en tiempos de homogeneización global. “Nos pasamos un buen tiempo tratando de construir en nuestros hijos un sentido de la identidad, y en un segundo la televisión puede acabar con todo”, me explicó uno de los pobladores del Quilombo do Campino, en el Estado de Río de Janeiro, al paso de Donde Miras el pasado mes de enero. El, como otros muchos en esta aldea de medio centenar de habitantes, está implicado en movimientos para la recuperación de la conciencia negra, que, entienden ellos, conecta además con la lucha de las tribus indígenas por conservar su estilo de vida. Siguen dispuestos a resistir. Como Binho, que cada lunes celebra su sarao poético en su modesto buteco -bar de barrio- de la periferia paulistana. Como tantos otros instigadores de un nuevo movimiento cultural que en los barrios pobres de San Pablo ha adoptado a la poesía como su medio natural de expresión.
Caminar causa adicción. Después de la primera experiencia, esperar al siguiente encuentro se convierte en un ritual que se vive con impaciencia. La próxima cita está marcada para julio. Si la financiación lo permite, será para aceptar la invitación del Gobierno de Venezuela y cumplir, esta vez sí, el sueño de Binho y Serginho de atravesar las fronteras brasileñas y ver esa América que se andina y se desanda, donde el samba es Gardel y Morumbi es la Bombonera, donde Uruguay es más Galeano y ningún Salvador es Pinochet...
Donde Miras: www.caminhadacultural.tk / Contacto: dondemiras@gmail.com
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